(Artículo del autor. Septiembre 1999. Ponencia en la Universidad Nacional de Jujuy. Publicado en libro en Reflexiones actuales sobre Rodolfo Kusch.
La finalidad de este artículo es reflexionar sobre un doble título: el pensamiento de Rodolfo Kusch y el fenómeno actual de la globalización.
Tal reflexión se presentará bajo este sesgo: primeramente vamos a presentar ambos términos como antinómicos, estableciendo entre ellos una máxima distancia, donde está Rodolfo Kusch no está la globalización, donde está la globalización no está Rodolfo Kusch. Luego a lo largo de la reflexión veremos si tal antinomia es válida o si es posible extender puentes entre ambos términos.
Comencemos por el pensamiento de Rodolfo Kusch:
El trazo más grueso de la filosofía de Kusch se presenta, para un lector incipiente de su obra, como tomando su fuerza y su horizonte de reflexión de unas comunidades arcaicas que subsisten en América por defecto de un capitalismo globalizador que todavía no impuso su dominio total arrancando a todo grupo social de su particularidad.[1]
Aspira además a valorizar tales elementos extendiéndolos al conjunto de América presentándola como una particularidad frente a otras particularidades o culturas que pueblan el planeta. La obra de Kusch aparece solidaria de una época en que la singularidad de América Latina era un ideal a ser acentuado. Recuerdo un texto de Wright Mills de La imaginación sociológica en la cual él afirmaba que todo científico social debía hacerse, entre otras, las siguientes preguntas: “¿Cuál es la estructura de esta sociedad particular en su conjunto? ¿Cuáles son sus componentes esenciales y como se relacionan entre si? ¿En qué se diferencia de otras variedades de organización social?…¿Qué lugar ocupa esta sociedad en la historia humana?…” (p.26, yo subr.) El texto formaba parte de un capítulo denominado La promesa, en el cual Mills se refería a la promesa de la sociología como ciencia, pero para nosotros, jóvenes recién salidos del secundario, la promesa consistía en poder entender lo propio de nuestro mundo y los problemas en que estabamos insertados: América Latina.
Multitud de discursos se arremolinaban alrededor de este deseo. El discurso de la dependencia. Las discusiones sobre la contradicción principal. El auge del peronismo con sus banderas de soberanía política, independencia económica y justicia social. El interés por el revisionismo histórico, la revalorización de las expresiones culturales latinoamericanas (desde el boom literario a la música folklórica), etc.
Hacer referencia al pensamiento de Kusch parece siempre ligado a adjetivaciones tales como “pasión americana”, “identidad americana”, “nuestra peculiar realidad”, "pensar propio”, “nuestro destino”, etc.
Recordemos el comienzo de ese hermoso libro que es América Profunda: “Este libro pudo haber sido terminado hace muchos años, pero le faltaba el fundamento o, mejor, la definición exacta de lo americano en su dimensión humana, social y ética. (…) Numerosos viajes al altiplano y la investigación sobre religión precolombina, limitada a las zonas quichua y aimará, me dieron la pauta de que había hallado probablemente las categorías de un pensar americano.” (p.5, yo subr.) Toda una tradición de pensamiento se condensaba en estas palabras: toda una tradición americana y argentina de reflexionar sobre lo que somos, sobre la peculiaridad de este vivir en América, y también, toda una tradición de la filosofía europea de describir al hombre que somos sin conceptos previos, tradición que podemos sintetizar con los nombres de Dilthey y la fenomenología.
Los filósofos africanos han acuñado un nombre para este tipo de indagaciones, la han llamado, a partir de su realidad tribal, etnofilosofía. Se trata siempre de encontrar, a partir de las expresiones de una cultura –sus mitos, sus costumbres o su lengua- su alma, aquello que la anima y le da un sentido. Se trata habitualmente de valorar aquello que un pensamiento generalizador y extranjero desconoce: la negritud en Africa, lo americano entre nosotros. No es mi intención considerar en este momento las múltiples discusiones, tanto aquí como en Africa, que han girado en torno a esta forma de pensamiento, sus valores, incitaciones y puntos ciegos. Simplemente quiero indicar que en el término mismo de etnofilosofía se indica bajo uno de sus componentes (etnos) la idea de una pluralidad de particulares, de una irreductible diferencia de pensamientos que nos recuerda aquella idea de Kusch de restituir la universalidad del pensamiento a través de un mapa de los discursos existentes en relación con el suelo que los sustenta (EAFA p.16)[2]. Podemos ligar esta inquietud con los intentos de constituir una Filosofía Latinoamericana.
Ahora bien, estos discursos no dominan más el imaginario social. Más allá del tema de la represión que ha llevado a muchos a las figuras hegelianas del estoicismo y del escepticismo, pareciera que el discurso de una singularidad autosuficiente no puede ser viable. Esta no viabilidad está acompañada por un discurso sobre la globalización o mundialización y en el plano económico, lo hemos visto, por la apertura, eliminación de las barreras a la inversión extranjeras y tejido de una compleja trama de acuerdos de integración, orientados a la reinserción en el mercado internacional. Se pasa de la idea de industrialización sustitutiva de importaciones a la de industrialización orientada a la exportación.
La globalización se presenta como un fenómeno que abarca a la cultura en su totalidad: su aspecto más espectacular se refiere a los mercados y transacciones económicas: movilidad de los capitales, internacionalización de los mercados, integración mundial de la producción. Conjuntamente con esto conlleva el aumento y la rapidez del transporte y de las comunicaciones y ello afecta por tanto no sólo al aspecto económico sino también a la cultura en general y a la imagen que el hombre tiene de si mismo. Finalmente, y no es su efecto menor, se presenta en el plano ideológico dando nuevas explicaciones a lo que nos sucede. Multitud de hechos pasan a ser interpretados o justificados por la palabra globalización.
El sociólogo y filósofo brasileño Octavio Ianni comienza su libro Teorías de la globalización con las siguientes palabras: “El descubrimiento de que el mundo se volvió mundo, de que el globo ya no es sólo una figura astronómica, de que la Tierra es el territorio en el que todos nos encontramos relacionados y remolcados, diferenciados y antagónicos, ese descubrimiento sorprende, encanta y atemoriza. Se trata de una ruptura drástica en los modos de ser, sentir, actuar, pensar y fabular. Un evento heurístico de amplias proporciones, que estremece no sólo convicciones sino también visiones del mundo. (…) Aunque la nación y el individuo sigan siendo muy reales, incuestionables y estén presentes todo el tiempo, en todo lugar, y pueblen la reflexión y la imaginación, ya no son “hegemónicos”. Han sido subsumidos formal o realmente por la sociedad global, por las configuraciones y los movimientos de la globalización. El mundo se ha mundializado, de tal manera que el globo ha dejado de ser una figura astronómica para adquirir más plenamente su significación histórica.” (p.3) Señala también este autor que se han ido acuñando una serie de términos y metáforas que quieren indicar algún aspecto de este proceso de mundialización: aldea global, fábrica global, tierra patria, nueva Babel, economía-mundo, sistema mundo, shopping center global, disneylandia global, ciudad global, mundo sin fronteras, tecnocosmos, desterritorialización, miniaturización, etc.
Voy a tomar dos de estas metáforas que me parecen representativas, para, más allá del uso preciso que tuvieron en quienes las acuñaron y de la reflexión que hace Ianni sobre ellas, observar lo que nos sugieren.
La idea de aldea global, sugiere intuitivamente la unión de los contrarios: la aldea fue siempre, para el punto de vista moderno, el mundo cerrado y pequeño, de las vidas anodinas y la mirada a corta distancia. Que el mundo es una sola aldea sugiere no sólo su unificación y homogeneización sino también su habitualidad, su de-entre-casa, la finalización de las diferencias tribales. Lo familiar (con sus contextos afectivos, con su cara-a-cara) no es ya nuestro pequeño terruño sino el mundo. Todo ello gracias a los medios de comunicación y a la electrónica que llevan información, bienes de consumo, entretenimiento y modas a los cuatro rincones del globo. “En el próximo siglo, afirma Mc Luhan, la Tierra tendrá su conciencia colectiva suspendida sobre la faz del planeta en una densa sinfonía electrónica, en la cual todas las naciones –si aún existieran como entidades separadas- vivirán en una trama de sinestesia espontánea…”[3] Esta imagen de una conciencia colectiva suspendida sobre la tierra, sustentada en una maraña de satélites artificiales, nos recuerda un poco el Alma del Mundo platónica que abraza y engloba al universo
La idea de fábrica global vuelve a contraponer imágenes. Una fábrica la pensamos como un establecimiento en el cual los procesos están integrados para la producción de determinados objetos. Pensamos en nuestra era industrial en un conjunto de fábricas que dan lugar al mundo capitalista. En este sentido el universo socialista, con sus economías de planificación central, aparecía mucho más globalizado, mientras el universo capitalista mantenía la ficción de unidades competitivas. Si el mundo es una fabrica es que todos los procesos están integrados. Es lo que el diccionario da como definición de la palabra globalizar: integrar una serie de elementos en un planteamiento de conjunto. Cotidianamente tenemos ejemplos de esto: una marca alemana de motosierras hace el encendido y las bujías en Estados Unidos, la carcaza en el Sudeste asiático, la espada en Alemania, la cadena en Suiza e imprime los manuales para el área castellana en Chile. En forma general la materia prima, su procesamiento, el armado final, la tecnología, la administración y los capitales pueden estar ubicados en diversos países. Los mercados nacionales (de bienes, de capitales, de trabajo,) no son más que fragmentos de un mercado total, vasos comunicantes de mano de obra y capital. El modo capitalista de producción entra en una época propiamente global superando lo internacional o multinacional.
Emergen cada vez más estructuras mundiales de poder, decisión e influencia. Empresas transnacionales y corporaciones (Toyota, Mc Donalds, Coca Cola, Visa, etc.), bloques económicos (Unión europea, MERCOSUR, Tigres del Sudeste asiático, etc.). organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, OIT, etc.) Todas ellas socavan la soberanía del Estado-nación obligándolo a redefinirse en función de estos mercados.
La globalización implica también la occidentalización del mundo. La globalización es la continuación de la expansión de la cultura europea que se inicia en el Renacimiento, se fortalece con el capitalismo y se hace dominante con el imperialismo. Este proceso no es homogéneo como no es homogéneo el conjunto de culturas que entran en simbiosis, total o parcial, con él. Las formas de valorar y de concebir el mundo de los países hegemónicos se trasladan al resto del mundo. Formas juridico-políticas, ideas e ideologías, racionalidad tecnológica, utilización del tiempo, formas de diversión, vestimenta y música, patrones socioculturales en general, conforman un discurso dominante. No es cierto que no existan otras formas pero casi siempre estas deben pasar por Occidente para adquirir universalidad, éste es siempre el que universaliza cualquier forma. El cristianismo, una de las religiones más extendidas del mundo, tiene una fuerte marca occidental (pensemos simplemente que el vehículo del cuerpo y la sangre de Cristo son dos productos del área Mediterránea –el trigo y la vid); el socialismo, la ideología que se presentaba como alternativa al capitalismo es un producto occidental; los modos en que se han articulado nuestros principios políticos –división de poderes, libertades individuales, igualdad jurídica, constitución escrita, etc.- tienen una fuerte impronta occidental. El modelo político europeo, por lo menos en su aspecto formal, se ha universalizado. La medicina y la educación, dos bienes del mundo contemporáneo, son en gran medida estructuras culturales occidentales. Los organismos internacionales muchas veces difunden valores occidentales como valores a secas. La mayor parte de las imágenes que transmiten los medios son imágenes occidentales, Modernización y desarrollo se han ligado tan profundamente a la idea de occidentalización que nos cuesta concebir un proceso en que aquellos puedan darse sin ésta, aunque todos los días tengamos ejemplos de las profundas ambigüedades que conlleva la occidentalización y de los efectos nocivos que provoca.
¿Homogeneización del mundo?: bajo cierto sentido si. “En todos los lugares todo se parece cada vez más a todo y más, a medida que la estructura de preferencias del mundo es presionada hacia un punto común homogeneizado.”[4] Los medios de comunicación articulan y permean el conjunto de naciones y culturas. El inglés ha pasado a ser la lengua dominante en el plano internacional, es el lenguaje de la tecnología y los negocios, pero también de los informes científicos y culturales, de la moda y la publicidad. Bajo otro punto de vista sin embargo las diferentes comunidades, regiones, países, culturas y continentes reaccionan frente a esto adoptando y adaptando, recreando formas antiguas, mezclando, asimilando e inventando. Siguen entonces existiendo las particularidades pero estas se modifican en contacto con el todo. Todo ello es a su vez muchas veces retransmitido y universalizado de tal modo que bajo este punto de vista el mundo se presenta como un gran caleidoscopio cultural donde conviven lo arcaico con lo futuro, lo cercano con lo lejano. Las comidas, la música, la arquitectura e inclusive las ideas muestran esta tendencia a mezclar mundos culturales presentes, pasados y futuros todo ello alimentado por la industria cultural que para ello concita a multitud de especialistas de múltiples disciplinas. Diálogo de las culturas pero en mayor grado sobre las culturas. Los medios cargan la imaginación con símbolos culturales diversos, cada uno puede hacer su propio cóctel o traje cultural. ¿Cuánto hay en ello de auténtica cultura? O mejor ¿cuál es la verdadera cultura del hombre globalizado? Por cierto la observación de la multiplicidad cultural ha llevado al hombre a la aceptación de las diferencias, a la relativización de lo propio, a una nueva sensibilidad frente a los demás. Pero también, bombardeado por miles de estímulos, no tiene tiempo para fijar experiencias, para establecer una continuidad entre el presente y el pasado. Las imágenes multiculturales impiden una referencia a una cultura determinada. Si mi memoria es la memoria de todos los símbolos culturales, pareciera que esta se desindividualiza. Todo es presentificado, “lugar sin raíz, hecho sin historia ni memoria”[5].
El creciente volumen, abaratamiento y extensión del transporte y las comunicaciones en todo el mundo es el signo más evidente de la globalización. El mundo se encuentra surcado por una extensa red de caminos terrestres, marítimos y aéreos, eléctricos y electrónicos que dan cuenta del creciente intercambio de bienes, personas e ideas. Desde el primer tendido de cables transoceánico, el telégrafo y el teléfono, la radio, el cine, la televisión, los satélites de comunicación, la tv por cable y los multicanales, las videos, el fax, el teléfono celular, las redes de computadoras e Internet este proceso no hace más que aumentar. Podemos tomar a esta última, la red de redes, como emblema de la globalización. Una literatura creciente trata de profundizar en este fenómeno. ¿Qué cantidad de usuarios utilizan la red? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Hace pocos días un diario informaba que eran 130 millones en el mundo y medio millón en Argentina. Pero ¿cuántos la usan realmente? Si tenemos en cuenta que muchos la usan en sus lugares de trabajo el número aumenta. Si pensamos que muchos la tienen instalada pero la usan una vez por semana el número disminuye. Si consideramos el conjunto de la población mundial, su forma de dispersión geográfica, es un fenómeno minoritario, si pensamos que quienes la usan tienen poder de decisión y además crece rápidamente es un fenómeno significativo. Internet desde su nacimiento mismo, al ser pensada originariamente como uso militar para posibilitar la supervivencia de las redes de comunicación frente a un ataque nuclear, escapa a las posibilidades de control. De allí que para unos sea el verdadero mundo libre, para otros es la forma de control social más fenomenal al tener al hombre sujeto a la pantalla del computador. ¿Masifica o individualiza? El entusiasmo comercial, se mezcla con sus usos científicos y de comunicación personal. Todo ello estaría dando lugar a una nueva cultura. Así como la televisión reorganizó el resto de los medios lo mismo pasará con Internet. Si la TV significó el fin de la mente tipográfica y el predominio de la imagen, Internet ¿es una vuelta de la mente tipográfica? ¿Provoca desarraigo y conexiones indiscriminadas más allá de fronteras y culturas o uniformiza en un lenguaje? ¿Podrá ser utilizada por los oprimidos de una sociedad para hacer escuchar sus mensajes o será utilizada por los poderosos para reforzar su poder? ¿la relación con la computadora borroneará los límites entre el trabajo, los hogares y el entretenimiento o tendrá usos específicos en cada contexto? Telebancas, telecompras, sexo a través de la red, difusión de propaganda política, organización de debates públicos, formación de comunidades virtuales ¿refuerza los patrones sociales preexistentes o los cambia? Podemos decir tal vez que “las redes electrónicas en general tienden a reforzar el cosmopolitismo de las nuevas clases gerenciales y profesionales que viven simbólicamente en un marco de referencia mundial..” [6]
Señalemos para finalizar que diversos pensadores han acuñado distintos nombres para esta supuesta sociedad del mañana. Algunas tienen directamente que ver con el tema de la sociedad globalizada, tales como "sociedad de objetos móviles" o "sistema mundo"; otros en cambio destacan alguna otra característica tecnológica, social o política de tal sociedad. Veamos por ejemplo como lo presenta Sebreli, en su libro El vacilar de las cosas: "El progreso científico-técnico -en el campo de energía nuclear, ingeniería, genética, electrónica, automatización, robótica, informática, telecomunicación, computación- que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX, está provocando una transformación en la producción, en la composición de las clases sociales, en todas las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, mucho más intensa aún que la que se experimentó con la invención de la máquina hacia fines del siglo 18. Capas sociales enteras desaparecen, surgen otras nuevas, las relaciones se modifican y los enfrentamientos cambian de carácter y de significación, a tal punto que diversos intérpretes hablan de una nueva época que designan con diversos nombres: sociedad pos industrial -Daniel Bell-, tecnoestructura -J.K. Galbraith-, era tecnotrónica -Zbigniew Brzezinski-, sociedad poscapitalista o sociedad del conocimiento -Peter Drucker-, sociedad poseconómica -Herman Kahn-, tercera ola -Alvin Tofler-, era posmoderna –Amitai Etzione-, sociedad posburguesa –Georg Lichtheim-, sociedad de posescasez –Murray Brokchin-, sociedad poscivilizada –Kenneth Boulding-, sociedad de la clase de servicios –Ralph Dahrendorf-, sociedad del servicio personal –Paul Halmos-, tecnoburocracia –Kostas Axelos-, tecnarquía –Patrick Geddes-, sociedad tecnológica –Jacques Ellul-, posliberalismo –Mariano Grondona-, fin de la historia –Francis Fukuyama-. Algunas denominaciones son más complejas: Anthony Giddens -La estructura de clases en las sociedades avanzadas- habla de una sociedad posmarxista y posburguesa aunque no poscapitalista ni posindustrial." (p.266)
Frente a la globalización tendremos, para citar la frase de Umberto Eco sobre los medios de comunicación, apocalípticos e integrados. Aquellos que ven en ella la suma de todos los males y aquellos que creen que es la panacea que el hombre buscó desde tiempos inmemoriales. Probablemente, así como la realidad de los medios demostró no ser ni una cosa ni la otra, los cambios provocados por la globalización tengan tanto de lo uno como de lo otro. Pero lo que nosotros analizamos aquí es fundamentalmente la afirmación de que la globalización es un cambio cultural que disuelve toda particularidad y hace inútil y disvaliosa toda reflexión sobre la misma. Como ejemplo podemos citar a Mc Luhan: “Más y más personas entrarán en el mercado de informaciones, perderán sus identidades privadas en ese proceso, pero surgirán con capacidad para interactuar con cualquier persona en la faz del globo. Referéndums electrónicos masivos y espontáneos atravesarán continentes. El concepto de nacionalismo declinará y también los gobiernos regionales caerán como consecuencia política de la creación de un gobierno mundial por satélite artificial. El satélite será usado como el instrumento mundial más importante de propaganda en la guerra por los corazones y mentes de los seres humanos.”[7] Gracias a los medios “Cada individuo puede ser un haz de articulaciones locales, nacionales, regionales y mundiales, cuyos movimientos y centros de emisión están dispersos y desterritorializados en el mundo exterior. Su modo de ser, que comprende acciones, relaciones, reflexiones y fantasías pasa a estar cada vez más poblado por los signos difundidos por la aldea global.” (Ianni, 1996, p.77)
Tratemos de precisar un poco más la antinomia. Voy a emplear para ello una imagen que espero que no sea demasiado infeliz. Cuando en 1962 Rodolfo Kusch publicaba en el Sur América Profunda, en el Norte Marshall Mc Luhan publicaba La Galaxia Gutenberg. Uno, Mc Luhan planteaba el fin de un hombre y un mundo (tipográfico) y anunciaba el comienzo de uno nuevo; el otro, Kusch, la persistencia de un hombre y un mundo (el americano) en la profundidad del mundo que, en la perspectiva de Mc Luhan, caducaba. Ambos tenían algo en común, además de cierto uso de la hipérbole que los hacía irritativos para muchos. El mundo que persistía soterrado y el mundo que nacía eran mundos orales, audiovisuales, no se apoyaban en el testimonio de lo escrito y no apelaban a la razón sistemática como el mundo dominante. Pero aquí terminaba la semejanza. Ya que si uno presentaba al hombre “sin sucedáneos”, el otro lo presentaba armado cada vez más de un entorno tecnológico y electrónico que eran la extensión de su cuerpo en el mundo. Si en un caso (Kusch) había que ir a buscar tal hombre en contacto con la tierra localizada, en el otro caso se preanunciaba un vivir en la alta atmósfera. ¿Qué más decir sobre este encuentro que no fue? Los libros tuvieron aparentemente un destino acorde con aquello que anunciaban. La celebridad internacional para Mc Luhan, el rápido ascenso en la luz de los medios, la globalización de la fama. El callado persistir para Kusch, el caminar entre una minoría y una difusión más bien local. No conozco ninguna referencia de Kusch a la obra de Mc Luhan pero imagino que este será un representante de esta humanidad que hace cohetes para fugar. No conozco la obra de Mc Luhan en profundidad, pero no imagino en él ninguna cita sobre Rodolfo Kusch, si no fuera como un representante de lo que llamó retrovisorismo: una nostálgica vuelta al pasado como reacción defensiva antes de que la humanidad dé un salto planetario.
¿Qué busco yo con este acercamiento entre dos autores? Afirmar que mientras en el Sur construíamos un discurso emancipatorio sobre el autodesarrollo y la autonomía, la evolución desde lo propio y las raíces; en el Norte se armaba un discurso emancipatorio sobre el desarrollo basado en la adquisición de información, la superación del lugar espacial y temporal en función de lo nuevo. Ciertamente hubo desembarco. Nosotros parecemos ahora estar viviendo muchas veces la figura hegeliana de la conciencia desventurada. No podemos unir universalidad y particularidad.
Supuesta entonces la antinomia ¿cómo podemos interpretar la globalización desde la perspectiva de Rodolfo Kusch? Se me ocurren tres maneras de leerla:
Una primera manera de ver la globalización puede ser introducida por el siguiente texto: “No existe en América un estilo uniforme de vida. En lo que va del indio hasta el ciudadano acomodado, cada uno juega un estilo de vida impermeable. Por un lado el indio detenta la estructura de un pensamiento de antigüedad milenaria, y por el otro la ciudadanía renueva cada diez años su modo de pensar.” PIPA p.17.La globalización sería justamente la última forma de este modo de pensar universalista de las clases medias. El modo de negarse de los 90 a la América Profunda. Ya Kusch lo afirmaba en Seducción de la barbarie: “Pero el criterio del ser, que se alimenta en el terreno internacional, ejerce una especie de homogeneización a partir de lo blanco alimentado por las fuentes foráneas de que participa. Pero se le opone el mestizo como factor heterogéneo (..) La heterogeneidad de abajo ejerce su influencia en cuanto mantiene a la homogeneidad de arriba en suspenso como una hoja en blanco que flota al viento, danzando, como el bailarín de Nietzsche, en el mercado de las naciones al son de músicas que sólo él escucha, pero que en este caso la ejecutan los mercaderes.” (p.74). La globalización sería en este caso este discurso “que flota al viento”, esta música que ejecutan los mercaderes y que sólo como clase media (en el sentido de Kusch) escuchamos.
Ideología aggiornada de la clase media. Es sabido que un recurso de autoridad propio de los pueblos antiguos y las sociedades tradicionales consiste en remitir toda novedad a los ancestros (toda nueva ley en Israel a la ley de Moisés, todo nuevo himno de los Vedas al Veda eterno, etc.). Los discursos que contienen la modernidad la modernizan (ahora la globalización). Cada discurso contendría en si mismo las reglas de su proliferación, decir lo mismo de otra manera.
Ultima explicación del mundo con la que juega la clase media, formas en que el americano oculta su modo de ser (PIPA p.13 y 12) ¿no será la globalización más de lo mismo?
“Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece. Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir. (..) Si algo hay de que se diga: -Mira, eso si que es nuevo-, aún eso ya era en los siglos que nos precedieron. (..) Nada nuevo hay bajo el sol” dijo el Sabio inspirado (Eclesiastés 1,4-5, 10 y 9). ¿Acaso el ciclo del mercader “con el secreto afán de atarlo todo” (AP p.123) no indica en la obra de Kusch este fenómeno llamado hoy globalización? ¿Acaso en su reflexión sobre los objetos no hay una crítica de la civilización, de la Mc Donaldización del mundo, de su industrialización y racionalización, en fin, de todo lo que llamamos Occidente? Nuevamente habla Kusch allí del “secreto afán de convertir todo el espacio (..) en una ciudad total, la futura Megalópolis de Mumford” (AP p.131 vid. todo el cap. Ser alguien). La globalización no es un conejo sacado de la galera sino que tiene una larga historia; de ella traza Kusch su genealogía.[8]
¿No fue todo esto dicho por lo menos hace ciento cincuenta años?
“De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía.” (Marx y Engels, Manifiesto del partido comunista, primera parte).
Para relacionar este texto más vívidamente con lo que afirma Kusch no oigamos en él la palabra burguesía en su relación a empresario capitalista, a modo de producción, sino en su relación a habitante del burgo, la ciudad, cuya historia traza Kusch en el capítulo citado de AP. Por otro lado cotejémoslo con la descripción de la globalización que hemos intentado más arriba.
“El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso (es decir al habitante de la ciudad, según nuestra pauta de lectura) un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido (...) La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra.(..) Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado (..) Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. (..) ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales, resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal. Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización (recuerden que cives significa ciudad), es decir a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.” (Marx-Engels, idem)
Todavía un texto más que nos habla de la superación de las barreras espaciotemporales:
“Mientras que el capital por un lado debe tender a arrasar toda barrera espacial opuesta al tráfico, id est, al intercambio, y a conquistar toda la Tierra como su mercado, por el otro lado tiende a anular el espacio por medio del tiempo, o sea, a reducir a un mínimo el tiempo que emplea el movimiento de un lugar a otro. Cuanto más desarrollado sea el capital, tanto más extenso será el mercado en el que circula, mercado que constituye la trayectoria espacial de su circulación, y tanto más tenderá a extender más el mercado y a una mayor anulación del espacio a través del tiempo.”[9].
Cuando un economista como Vito Tanzi[10] nos pone como indicadores de la globalización que a los servicios de salud y educación la gente podrá ir a buscarlos a otro país, uno piensa que la ciudad de la Plata fue centro de estudios universitarios para toda Latinoamérica en los 50 (y París para Europa en la Edad Media), que la gente se ha desplazado a las ciudades en busca de salud y posibilidades de trabajo en toda Latinoamérica, que las migraciones internas, el trabajador golondrina tienen una larga data, y finalmente, para poner una nota de color, que el divorcio vía México fue una costumbre de la clase media alta argentina. Cuando se plantea que el inglés es el lenguaje del mundo, uno recuerda que el griego koiné y luego el latín de fines del Imperio romano fueron también lenguas francas. Aquí mismo, en esta zona de Latinoamérica, el quichua fue una lengua expansiva ¿Acaso la desterritorialización, otro signo de globalización, no fue una política de todos los imperios, desde los persas a los incas y españoles? ¿Y qué hay más antiguo que un Imperio? La globalización entonces se desdibuja, deja de ser un fenómeno inédito, una época radicalmente novedosa en la historia humana, hablábamos hace tiempo su prosa.
Si la globalización es un fenómeno que siempre se ha dado (se entiende que con diferencias de volumen o cantidad pero sin variaciones esenciales), si la globalización no es otra cosa que otra de las formas de vivir en la “ficticia ciudad”, un capítulo más de su “historia ficticia” (SB p.41-45), podemos hacer caso omiso de ella. "Siéntate en el umbral de tu casa y verás pasar el cadáver de la última estética" le dijo un zorzal de la llanura a Leopoldo Marechal. Valga aquí lo mismo. A ello se opone no sólo la autoridad de todos los pensadores que hemos citados más arriba y que creen atisbar un cambio en las condiciones de existencia actual sino también la idea de sentido común, acuñada en una ley de todos conocida, de que en los fenómenos sociales una modificación del volumen de los mismos termina originando cambios cualitativos. Por ello sin dejar de reconocer que esta primera lectura de Kusch es siempre posible, que guarda sus valores de verdad y su anclaje en la obra del autor, intentemos ahora una segunda manera de ver la globalización y de situar la obra de Kusch en relación con ella. Retorzamos un poco más el nudo.
Esta segunda lectura toma la forma siguiente: admitido el fenómeno de la globalización percibamos que no lo hemos dicho todo en nuestra descripción de más arriba. En realidad ésta se presenta como un fenómeno mucho más ambiguo.
Podemos iniciar esta reflexión también recordando un texto de Kusch, aquel en el que nos habla del mapa del Perú trazado por el cronista Guaman Poma (PIPA p.17ss). En él estaba el territorio realmente recorrido por Guaman Poma, aquello que realmente vivía y no el territorio impersonal de la ciencia. Supuesta la globalización ¿cuál es el territorio real de ella?
La globalización no tiene sólo efectos de integración o unificación sino que también fractura y crea nuevos enclaves. La regionalización económica ¿es integración o preanuncia guerras comerciales? Internet, lo hemos visto, ¿facilita la comunicación personal o permite un anonimato gráfico y un aislamiento impersonal con una máquina?
Globalización significa muchas veces despido y precarización laboral. Como afirma Louis Emmerij[11] se viene afirmando desde la antigüedad que la máquina significaría el fin del trabajo (por ej. Aristóteles en el primer libro de la Política afirmaba que si las lanzaderas tejieran solas no necesitaríamos esclavos). Pero la utopía del fin del trabajo tiene hasta ahora un significado mucho más tenebroso del que usualmente se imaginaba. Las máquinas, al mismo tiempo que multiplican los bienes, excluyen a una creciente masa de personas de ellos. Mc Luhan afirmaba que las computadoras permitirían controlar la atmósfera: ciertamente, podemos predecir el tiempo con bastante buena anticipación, pero podemos predecir mucho menos que antes cuando nos van a despedir, que será de nuestra vejez o, en la ciudad, cuando nos van a asaltar. Caen viejas barreras como el bloque soviético pero aparecen nuevas como las de la Unión Europea y el surgimiento de antiguos odios étnicos caso Yugoslavia. Se globaliza la salud pero también el narcotráfico y las mafias. Ianni afirma que el desarrollo del capital puede ser visto como un inmenso holocausto: desaparecen culturas milenarias, lenguas y visiones del mundo originales. La racionalidad tecnológica va unida a la burocratización e impersonalización, etc.
La globalización es ambigua. Puede significar progreso social pero también regresión y desorganización social, racionalidad pero también irracionalidad, cultura pero también muerte de la cultura. Uno o lo otro, pero también uno y lo otro, ambos a la vez. Definitivamente la globalización produce efectos diferentes en distintos sectores. No se pueden predecir a priori tales efectos.
En definitiva frente a la globalización permanecen los grandes interrogantes del ser humano: los interrogantes sobre justicia, libertad, comunidad, pan, vida y muerte. El ser humano sigue oscilando entre lo fasto y lo nefasto, el mundo sigue siendo “el hervidero espantoso” que señala Santacruz Pachacuti donde puede darse tanto maíz como maleza. Frente al ciclo del mercader sigue existiendo el pequeño ciclo del pan. Ese "que nos hace andar también a nosotros, los de la clase media, como parias (por las calles de la gran ciudad) dispuestos a sacrificarlo todo con tal de tener nuestro pan diario, nuestro amor y nuestra paz." (AP p.186) Porque la globalización también puede ser "como la ira de dios que nos sobreviene y nos hace vivir la necesidad del amparo. Y tenemos miedo de que nos despidan, sólo porque nos puede frustrar el pequeño ciclo del pan, el amor y la paz." (AP p.187). A fin del siglo xx “no obstante el saber acumulado, no sabemos como alimentar al hombre, ni cómo gobernarlo, ni menos qué es el hombre.” (EAFA p.9)
Entonces nuestra segunda lectura dice así: supuesta la globalización esta no suprime las diferencias. Altera las tradiciones culturales pero estas siguen existiendo. La globalización no es ningún absoluto que remedie nuestra finitud. Como reflexión sobre nuestra finitud americana el pensamiento de Kusch sigue teniendo vigencia. Si nuestra primera lectura afirmaba que la globalización era ficticia, esta segunda dice que aún existiendo ésta, nuestra subjetividad (“y con ello la penosa operación con que el pueblo de América afirma su humanidad” EAFA p.9) no deja de existir. El discurso de la globalización y el discurso de Kusch pueden de algún modo coexistir. La filosofía de Kusch nos servirá para relativizar, para desabsolutizar la globalización. Para preguntarnos en concreto como vive cada hombre, cada cultura, el pueblo americano su existencia real a fin del siglo.
Este hecho, el que podamos pensar a Kusch como un filósofo de la subjetividad, da pie a que podamos pensar en Kusch como un filósofo de y en la globalización. Creo que es posible esta tercera forma de pensar a Kusch en relación con la globalización.
Retorzamos nuevamente el nudo.
Recordemos aquel texto de Kusch de IPD en el que nos dice que Viracocha como dios vencedor del caos, conciliador de los cuatro elementos, está cerca también de nosotros, en nuestro lenguaje ciudadano (p.68ss). Kusch nos ha enseñado a ver también esa parte llena de dioses que posee todo hombre.
Si la globalización conjuga voluntades y origina rechazos, además de los hechos en los que se apoya y además de la estrategia de marketing que la acompaña, se debe a que en ella late un viejo mito. ¿Qué mito? El mito de la unidad humana y de reconciliación con la naturaleza. Hay algo de apocalíptico en el discurso de la globalización: tiempo final (fin de la historia, fin de la geografía), unidad, excluidos, abundancia, etc. Se cumplirá entonces ese viejo afán del hombre que desde los albores de la humanidad anda buscando la tierra prometida, la tierra sin mal. Este afán de universalidad ¿acaso no lo dijo ya el tango, esa forma de existencialismo americano, que “como un grito salió del sórdido barrial buscando el cielo (..) y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina”? Porque, ¿qué es ese “conjuro extraño del amor hecho cadencia" sino la globalización, la unión de los opuestos como dice Kusch en De la mala vida porteña (p.76) y su desencuentro, como nos decía ayer Berbeglia[12], o la historia del tajo malevo, como dice Kusch en el mismo lugar?
Superación de la soledad y de la naturaleza hostil, aquí nos volvemos a encontrar con Rodolfo Kusch[13]. Porque lo que late detrás de "este inmenso arsenal de mercancías" es todo el miedo del hombre al desamparo, a eso que nuestro autor llamó "ira divina". Personalmente pienso que este mito de la globalización está también, bajo otros nombres, en Kusch. Que se me entienda bien, la globalización como mito y no como hecho histórico. Si escribió sobre el indígena americano fue para enseñarnos a buscar el opuesto perdido, superar la escisión del sujeto americano. "Haciendo así (buscando el opuesto perdido) recién aparece la posibilidad de conciliar opuestos: se piensa a partir de la vida misma, se ve la realidad animal en la cual todo es semilla y debe convertirse en fruto." (AP p.196) Como clase media nuestro opuesto perdido es evidentemente la América Profunda, pero como americanos bien puede ser él la globalización.
Porque la globalización, en esta tercera forma de leer, pertenece al ucamahua mundajja, al "así" del mundo, a su puro acontecer. Y de lo que se trata es de su vuelco (kuty) de nefasto en fasto. "Vivir consiste (..) en mantener el equilibrio entre orden y caos, que son las causas de la transitoriedad de todas las cosas." (AP p.176) "Esto es lo que encierra el uca, o el así, del ucamahua indígena: toma todo mi estar y el del objeto. Pero esto no significa que se equipare mi yo con el objeto, sino que es natural que, a partir de este punto, se termine pensando que el objeto es realmente no más que una circunstancia…" (PIPA p.266) Esto es lo que hizo la gente con el tango en Bs.As.: transformó el desarraigo y el desencuentro (para volver a usar el término de Berbeglia), la marginación de todos los grupos sociales desembarcados y desterrados en esa Babel que fue Bs.As. a fines del siglo pasado, en baile, en fiesta y en encuentro. Lo transformó en identidad. Esto es también, pasando a un tema muy diferente, lo que hace la gente con la televisión y con Internet. Los estudios sobre estos medios muestran que el usuario no es mero objeto pasivo sino sujeto interactivo, que se apropia de ellos seleccionando y fragmentando la oferta obligándola a una diversificación y personalización creciente. Es lo que ha hecho la América profunda incluso con la Virgen morena. Es lo que hizo la mujer indígena que con la violencia del conquistador, creó este mundo mestizo que se llama América Latina. Entonces dejaremos de ser una conciencia desventurada. De lo que se trata, para usar términos de Kusch, es de deformar la globalización, de recuperar toda la potencialidad del pensar y saber apostar al futuro, participando en ese operar incesante que es el pueblo, en el procesamiento (valga el neologismo tecnológico como una ironía) de la globalización.[14]
En definitiva empezamos afirmando que el discurso de la globalización negaba el discurso de Kusch (en cuanto discurso de lo propio); luego vimos que el discurso de Kusch podía negar el hecho de la globalización (como discurso de la clase media). En tercer lugar observamos que podían coexistir y en cuarto lugar nos parece que el discurso de Kusch contiene pautas para pensar y vivir lo que algunos llaman el desafío de la globalización. Como le sucede a la conciencia de la Fenomenología del Espíritu tenemos que modificar nuestra primera observación (pensar el “y” del título "Kusch y la globalización" como una contraposición) por esta otra: podemos pensar Kusch y la globalización, no como una antinomia, sino, como él afirma al final de PIPA: una circunstancia de ese absoluto que es el hombre, un detalle de la gran encrucijada de su así. (PIPA p.268)
Bibliografía
Ianni, 1996, Teorías de la globalización, México, Siglo XXI.
Ianni, 1998, La sociedad global, México, Siglo XXI.
Kusch, AP = América Profunda, 2ed., Bs.As., Bonum, 1975
Kusch, EAFA = Esbozo de una antropología filosófica americana, Bs.As., Castañeda, 1978
Kusch, IPD = Indios, porteños y dioses, Bs.As., Biblos-Sec.Cultura de la Nación, 1994
Kusch, PIPA = El pensamiento indígena y popular en América, 3ed., Bs.As., Hachette, 1977
Kusch, SB = La seducción de la barbarie. Análisis herético de un continente mestizo, 2ed, Rosario, Fundación Ross, s/f
Marx,Engels, Manifiesto del Partido Comunista, eds. varias
Mills, W, La imaginación sociológica, FCE. 1969
Sada, 1996, Los caminos americanos de la filosofía en Rodolfo Kusch, Bs.As., García Cambeiro,
Sada, 1998, Dos imágenes de la historia: Hegel y Kusch en Cuadernos Americanos, nº 68, marzo-abril, Unam.
Sebreli, El vacilar de las cosas, 3ed, Bs.As., Sudamericana, 1994
[1] Aclaremos, para los espíritus puntillosos, que con esto no se agota la filosofía de Rodolfo Kusch. La idea misma de “agotar” una obra es un poco ridícula. Pero sí podemos indicar perfiles, uno de los cuales es el que estamos considerando.
[2] Para las siglas con las que citamos la obra de Kusch vid. Bibliografía final.
[3] Mc Luhan y Powers, The global village, citado por Ianni 1996, p.6
[4] Theodore Levitt, A imaginaçao de marketing, citado por Ianni 1996, p.6
[5] Ianni, 1996, p.83
[6] Manuel Castells, El surgimiento de la sociedad de redes, Blackwell Publishers, 1996, en http://www.anice.net.ar/infoysoc/catedra/material/castellscap5.html p.19
[7] Mc Luhan y Powers, The global village, citado por Ianni 1996, p.75
[8] Vid Sada 1996 p.96n10 y Sada 1998.
[9] Grundrisse p.438, cit. en Ianni 1996, p.113.
[10] Vito Tanzi, ¿La defunción del Estado nación?, en Revista internacional de presupuesto público, julio-agosto 1999, nº 40.
[11] Mirando hacia el siglo 21. Tendencias sociales y de las organizaciones, p.37; en Revista internacional de presupuesto público, 1999, nº 39.
[12] Hago referencia a la conferencia y posterior intercambio de opiniones con Carlos Berbeglia, quien abrió estas jornadas sobre Kusch.
[13] En la conversación posterior a la exposición se objetó que yo hubiera empleado el término “reconciliación con la naturaleza” para referirme al mito que late tras la globalización. Se afirmó que en el capitalismo, a diferencia de otras culturas, de lo que se trata es más bien de una superación o supresión de la naturaleza que de una reconciliación. Esta afirmación podría ser apoyada en textos del mismo Kusch cuando dice por ej. que el “ser alguien” construye una cultura artificial, se refugia en las ciudades, sustituye la ira de dios por la ira del hombre, etc. (AP p.101ss, 115 ss). Pero nuestro autor también afirma que esta posición está subordinada a otra más originaria que es simplemente el miedo al desamparo, a la condición de “estar sumergido en el mundo” (ídem p.14 ss, 103, 185ss). Esta condición sería previa a sus modos de resolución, ya sea el de la integración al medio ya el de su supresión (ya otras variantes de habitar el mundo que Kusch no consideró). Con el término reconciliación yo quiero abarcar cualquiera de estas posibilidades, más allá de que el término pueda arrastrar matices valorativos ya que es, en cierto modo, un término acuñado. Con el término reconciliación yo quiero indicar que entre el hombre y la naturaleza no hay oposición. Esta no-oposición aparece reflejada en el mito de una Edad de Oro que se encuentra en múltiples culturas, donde generalmente hay dos elementos que la indican: la ausencia de la muerte (o su atenuación: longevidad, muerte natural, etc.) y la fecundidad y feracidad del suelo.
[14] EAFA p.18, 7-12. No está de más señalar que en este procesamiento no está excluido el trabajo teórico, es decir la reflexión que ayude a modificar los elementos más negativos de la globalización.
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