(Criterio, agosto 2003)
Macedonio Fernández nace en Buenos Aires en 1874 y muere en la misma ciudad en 1952. Usualmente se lo liga a la literatura y a la figura de Jorge Luis Borges que lo ha popularizado. Perteneciendo a la literatura se lo considera sin embargo como un escritor atípico, para algunos de escasos valores literarios, para otros transitado por preocupaciones metafísicas. Cuando a fines del siglo 20 las corrientes deconstruccionistas ponen en crisis los géneros (porqué clasificamos tal discurso como literatura, filosofía o medicina) se descubre que a principios del mismo siglo Macedonio ya presentaba preocupaciones análogas. ¿Qué es fictivo y que es real? ¿qué es la literatura -como género que engloba todos los discursos escritos- y como género propio? Así, en Macedonio Fernández, los personajes de Museo de la Novela de la Eterna (que es una novela‑reflexión sobre la novela) viven en una estancia llamada La Novela, leen a su vez otra novela, conversan con el autor, etc.[1] Para el lector filosófico Macedonio también trastoca los géneros y hace pensar sobre nuestros registros y clasificaciones. ¿Macedonio filósofo? ¿Qué son los corpus y los relatos a través de los cuales habitamos el mundo? ¿Porque decimos que Sartre es filósofo si tiene novelas, o Marx fue filósofo si escribió sobre economía o Santo Tomás fue filósofo si escribió sobre teología, o Francis Bacon fue filósofo si escribió una utopía? Nombres compartidos por distintos corpus, contados y adscritos en distintas perspectivas. ¿Qué es un nombre, qué es un hombre, qué es una identidad? Ciertamente Macedonio escribió sobre filosofía (más exactamente la llamó metafísica y allí está un extenso volumen de sus Obras Completas[2], el volumen VIII, que trata de estos temas) Y nuevamente el desconcierto, Macedonio parece anticipar temas de Wittgenstein, o de Heidegger o aun de Derrida. Pero ¿no es que los filósofos latinoamericanos sólo copian a los europeos, es decir vienen después de ellos? ¿Qué es lo original y que es la copia? ¿En que forma de relación pensar los discursos de la cultura argentina y americana en general con respecto a ella misma, a Europa y al mundo? En la discusión, dada cada tanto, sobre la filosofía latinoamericana entre una filosofía académica (que meramente repetiría escolarmente a la filosofía europea) y una filosofía atenta a las realidades sociopolíticas (que pasan como más reales) Macedonio tampoco parece tener un lugar. El gremio filosófico argentino apenas lo considera. Macedonio escritor desconcertante.
Con respecto a la filosofía queremos aclarar por lo menos algunos puntos. Ante todo la pertinencia de Macedonio a la filosofía argentina. Allí están esos escritos del volumen VIII muchos de los cuales -salvo No todo es vigilia la de los ojos abiertos, obra publicada en 1928- fueron conocidos recién en 1967. Por lo cual muchos juicios, anteriores a esta fecha, sobre la filosofía de nuestro autor adolecen de falta de información. En tales escritos Macedonio nos habla de Metafísica, del tiempo, del espacio, de la materia, del yo, y otros tópicos corrientemente filosóficos. En segundo lugar usualmente afirmamos que alguien es filósofo cuando desarrolla una visión hacia la totalidad: suponemos que escribe sobre metafísica, sobre ética, sobre política. Macedonio escribe sobre ello; en el volumen III de sus Obras Completas hay elementos para una ética, una política y una teoría del arte. Etica, política, teoría del arte, muy "sui generis", macedonianas. Justamente. Acaso ¿cuál es el patrón en el que estamos pensando para decir: es ética, es política, es teoría del arte? En tercer lugar la filosofía de Macedonio se puede exponer en pocas palabras (aclaremos desde ya que cualquier filosofía puede exponerse en pocas palabras aunque a veces se use esto como descalificación). Se puede decir Macedonio: fenomenista. Pero al mismo tiempo es necesario también afirmar que él argumenta, piensa, utiliza estrategias discursivas en pos de lo que quiere comunicar. Como ha señalado hace tiempo su hijo y editor Adolfo de Obieta no se han desarrollado estudios detallados sobre los distintos tópicos y argumentos que constituyen la filosofía de Macedonio Fernández; sobre su evolución a lo largo del tiempo, sobre su relación con otros pensamientos, o sobre sus posibles contradicciones.[3]
Nosotros, limitados por el espacio propio de una revista, tampoco lo haremos aquí, nos contentaremos con exponer parte del núcleo metafísico de su pensamiento.
Creemos que en un artículo temprano (alrededor de 1908) titulado Bases en Metafísica está expuesto lo que queremos destacar:
"Imaginémonos distanciados de todo ambiente humano, a orillas de un mar, desnudos y echados en la arena, bajo una siesta tibia de diciembre, después de una larga estadía de aislamiento, en soledad, ante la naturaleza, tendiendo la mirada a lo largo de salvaje ribera; vaivén incesante de olas, blanco, espuma, rumores del mar y mecimiento soñador de la línea distante de unión del mar y el cielo.
"Imaginémonos más, aún: la virginidad de nuestra visión, la visión del niño. ¿Qué habría en tal situación en el Espíritu y en la Realidad exterior de un niño, y que puede añadirle de esencial, es decir de fenomenal, la experiencia de un hombre?
"Nada absolutamente puede añadir la experiencia al fenómeno, el hombre al recién nacido. Sonidos, contactos, aromas, temperaturas, formas, colores -incluso los de su cuerpo-, sensaciones musculares y de cenestesia, dolorosas y gratas, tal es toda la Realidad del niño y la única posible, ni exterior ni interior, ni material ni psíquica, ni espacial ni temporal.
"En ciertos momentos de plenitud mental olvido mi "yo", mi cuerpo, mis vinculaciones, mis recuerdos, el pasado, todas las impresiones y actos que determinaron mi alejamiento y todo el largo trayecto de evasión y distanciamiento. Paréceme que siempre he estado allí o que acabo de comenzar mi existencia. Pero pronto ni mi existencia misma es asunto del más leve pensamiento mío; "tiempo", "espacio", son ya nociones desvanecidas; todo ocurre sin ubicación alguna; ni próximo ni separado ni durando o perdurando ni anterior ni posterior.
"¿Qué tengo ante mí, pues? El Fenómeno, el Ser en su plena realidad, es decir el color, el sonido, el contacto, el frío, el fenómeno, ocurriendo en el ser, es decir ni en mí ni exteriormente a mí.
"Fuera de esto nada existe..."
Si el "estado de playa", el estado místico de comunión con el todo es lo original, la filosofía de Macedonio va a consistir en procedimientos lingüísticos para mostrarlo. ¿Cuales son los procedimientos macedonianos para lograr esta reducción? Ante todo procedimientos típicos de tradiciones empiristas que llevan a la reducción del mundo a sensaciones; pero luego argumentaciones idealistas que conllevan la reducción de la sensación a la conciencia; finalmente eliminación del yo de la conciencia misma. Macedonio lo afirma claramente: la realidad es un almismo ayoico. Ciertamente podríamos decir "se da ser" pero no en el sentido de Kant de una rapsodia de sensaciones que se da a un sujeto sino en el sentido de haber. Pero Macedonio no acepta la palabra "ser" más que como un abstracto, lo que se dan son sensaciones (imágenes y afecciones). Esse est percipi decía Berkeley pero el percipi no tiene por detrás ningún fundamento, ningún Dios que lo suscite en nadie. Tampoco el aparecer es un aparecer que el Espíritu deba recorrer, un logos que toma multiplicidad de formas escindiéndose y contraponiéndose como en Hegel; es simplemente una pluralidad indefinida.
Dicho de otro modo: sólo existe la sensación, pero la sensación pertenece a un cuerpo, pero el cuerpo mismo es un conjunto de sensaciones, por lo tanto sólo existe la conciencia sintiente, pero la conciencia sintiente no es de un yo, es simplemente lo real mismo. [4]
Volvamos al "estado de playa". La imagen de la infancia aparece siempre en los relatos (el "haceos como niños" evangélico, la infancia espiritual de San Juan de la Cruz, la infancia poética de Bachelard, infancia de la filosofía griega en Heidegger, la tabula rasa donde se inscriben las impresiones en Hume) para indicarnos la posibilidad de acceder a la realidad como realmente es. La Metafísica tiene esta finalidad en Macedonio.
Decimos comunión con el todo y no comunión con el mundo porque el mundo no existe. Nosotros podemos ir al Japón o a Bariloche, a Washington o a Bagdad, podemos desplazar nuestro cuerpo en el espacio pero sólo tendremos un conjunto de impresiones motrices, visuales y sensitivas y un conjunto de afecciones de odios, temores y alegrías que Macedonio reduce a veces a placer y dolor. Imágenes y afecciones constituyen el fenómeno, el ser.
Decimos "estado místico de comunión con el todo" y no decimos panteísmo ya que este último ve a Dios fundido en todas las cosas, por lo cual ya hay Dios y cosas. Hay una sombra o una diferencia, o mejor aún una sobreimpresión. Para Macedonio Dios es una interjección ("Ay, Dios") nacida de la emocionalidad. Decimos "estado místico de comunión con el todo" y no decimos materialismo ya que la Materia es una abstracción: hay olores, colores, sabores, sensaciones táctiles, pero no hay la materia. Más aún la doctrina de la inespecificidad de la sensación, que algunos piensan que es secundaria y solo sirve para hablar de la correspondencia de nuestro autor con Williams James, creo yo que afirma que ni siquiera hay lo rojo, o lo amargo aunque Macedonio los nombre. Allí ya hacemos intervenir la palabra, la diferenciación.
¿Qué es lo que hay? La pregunta está de más para Macedonio. “(metafísica) ella es la busca no de las causas del Ser sino de las causas del asombro de existir y de que algo exista, del asombro ante cualquier existencia que constituye la perplejidad única de la metafísica. Encontrarlas y hallar el procedimiento de supresión de esos rechinamientos raros que acompañan al contacto y comercio de la Inteligencia con el Fenómeno y nos arrancan a cada paso esas seudo interrogaciones que no son preguntas (efecto‑intelectual) sino sólo interjecciones (efecto‑emocional): ¿por qué existo? ¿Cuál es la causa del Mundo?, etc.”.
El asombro como disparador de la filosofía tiene una larga tradición. En Aristóteles originará el conocimiento, que al ser conocimiento por las causas terminará preguntando por las causas primeras. En Heidegger originará la presencia del Ser que no quiere ser un ente y que pedirá a la poesía las condiciones de su develamiento. En Macedonio se trata de su supresión y de la vuelta a la familiaridad del mundo. Familiaridad que es al mismo tiempo visión de los fenómenos en su forma originaria.
Filosofía para suprimir la filosofía. Utilización del lenguaje a favor de la sensación (y aquí vemos la deriva hacia la literatura) de esto también hay en la historia de la filosofía no sólo europea (primer analogado de la mayoría de los filósofos argentinos) sino de todo el mundo. Pero esto no va a dar en el terreno de su literatura una celebración de las sensaciones sino una visión de la cordialidad del vivir. "Ni grato ni quejoso, voy respirando el aire de la Vida." (MNE) Más aún, la literatura, en Macedonio, va a ponerse al servicio de su filosofía, en cuanto técnica de "mareo" o superación del yo.
No siendo este el lugar para exponer extensamente la filosofía de Macedonio nos limitamos a señalar algunas de sus ideas.
Macedonio dedica vastos argumentos a señalar la no diferencia entre vigilia y ensueño (en cuanto estados sentidos). Si el tema del sueño viene haciendo ruido en la cultura (pensemos que Freud publica La interpretación de los sueños en 1900) en Macedonio este tema adquiere un valor metafísico. Si el hombre sueña la mitad nocturna de su vida, no hay diferencia esencial con sus sueños diurnos y con sus percepciones de la vigilia. Nuestra realidad no es un mundo soñado por otro, tema que a veces desarrollará Borges, sino un sueño sin soñador (y aquí vemos como los temas posmodernos de la muerte del sujeto encuentran un eco en Macedonio). Ahora bien, estos temas entran en lo filosófico en cuanto a que en sus escritos desarrolla largos argumentos para mostrar esta tesis. La idea de que no hay otro no lleva sin embargo a Macedonio al solipsismo ya que tampoco hay yo. Sostendrá en algunos de sus escritos la posibilidad de una comunicación directa entre estados psíquicos propios y ajenos y sostendrá la inadecuación de la palabra para expresar el pensamiento metafísico. Aunque la realidad es un sensacionismo puro que establece una sensibilidad única Macedonio desarrolla el tema del otro en un conjunto de figuras y conceptos: Pasión, Altruística, la Mujer, el Lector, etc. Especial relieve tiene la figura de la mujer (Dulce Persona, Ella, la Eterna) con lo que se insinúa la Androginia como la plenitud del Ser. "Sintamos amada el vacío del mundo, de la presentación geométrica y física de las cosas, del Universo y la plenitud, la certeza única de la Pasión, el Ser esencial, sin pluralidad." (MNE) El almismo ayoico, como en otras filosofías, parece necesitar finalmente para su expresión de la poesía y el "mito". Decimos que se insinúa la Androginia, pero no nos parece que haya una Androginia plena en Macedonio. El amor (y sobremanera el amor bajo la figura de la Mujer) abre el yo al almismo ayoico, al sentimimiento unitivo, como no lo puede hacer ningún otro recurso. Nos abre "al Ser esencial, sin pluralidad." (La mujer, bajo la figura de la Eterna, cumple aún otro papel en la obra literaria de Macedonio. Si el amor es indicativo del ser -en cuanto sentimiento unitivo-, la pérdida del amor, la muerte de la amada, indica la paradoja de la ausencia en el ser. -Señalamos el tema aquí, pero no lo desarrollamos-).
Queremos finalmente mostrar algunos juicios sobre su obra filosófica. Los tomamos un poco al azar.
F. Leocata[5] incluye a Macedonio Fernández como un pensador a considerar. Lo ve como una culminación del principio sensista presente en el pensamiento argentino a través de la escuela ideológica (Lafinur y Fernández de Agüero). Concordamos con Leocata en este interés por presentar a Macedonio dentro del desarrollo filosófico argentino. Titula al capítulo sobre Macedonio "El extraño mundo de Macedonio Fernández" título que puede entenderse de varias maneras. Un primer modo es entender que el mundo literario, la obra de Macedonio, es extraña, casi ajena, al desarrollo de la filosofía argentina. Es un mundo extraño en cuanto obra poética, obra de la imaginación. Pero también puede entenderse (y aquí el título se ajustaría a lo que Macedonio piensa) que lo extraño, es el mundo mismo, aquello que causa admiración. Heidegger en una frase muchas veces repetida afirma que el filosofar es el extraordinario preguntar por lo extraordinario. En Macedonio, como lo señalamos más arriba, más bien parece tratarse de disolver el asombro (y esto nos trae un eco de Wittgenstein, a nosotros, formados en la literatura filosófica europea antes que americana), recuperar el mero vivir, disolver el preguntar. Luego de una exposición ajustada del pensamiento de Macedonio (en el cual creemos que falta el tema del humorismo que cumple en nuestro autor un papel metafísico y donde se lo sindica como casi solipsista, términos con los que no concordamos) termina por denominar a tal pensamiento con el nombre de "irrealismo". Escuchemos ahora a Macedonio Fernández: "Nada más real que un ensueño, y la vigilia es real sólo en cuanto es un ensueño. Lo que no es real es la causación de la vigilia que le hemos atribuido. Pretender que la vigilia sea algo más que lo que en ella, durante ella, sentimos y nos representamos o imaginamos, que haya además de la visión llamada naranja, una materia autoexistente de ella, que existe mientras no la percibamos y que no existe para las naranjas sólo soñadas, esa Causa universal, eterna, autoexistente, que existe aunque ni sienta ni sea sentida, o que existe sintiendo aunque mi yo no sienta lo que ella (otra persona, nuestra persona pasada, nuestra persona futura): esto sí que es "soñar": es el ensueño de la tesis realista." Podrían así recorrerse varios textos de Macedonio en los cuales denomina irrealidad a la metafísica realista.
Veamos ahora otra opinión que le niega a Macedonio sustancia filosófica. Jorge Dotti[6] trata de Macedonio como crítico de Kant. No le reconoce en su crítica a Kant competencia filosófica: "en ningún caso logra aunar su lectura poética.(que en cuanto tal, está absolutamente liberada de exigencias filosóficas y de conocimiento disciplinario) con el nivel de requisitos propios de la interpretación de un texto como el kantiano". Interesante la posición de Dotti que requiere para tener una posición filosófica leer un texto y tal vez exponerlo. Pero en ese caso uno debería contraargumentar: ¿acaso conocía Kant suficientemente a Aristóteles al punto como les gusta interpretarlo a los aristotélicos? ¿O conocía Kant a Tomás de Aquino en profundidad? Las críticas de Macedonio a Kant, que Dotti no expone ni comenta, son desde el punto de vista del pensamiento de nuestro autor absolutamente pertinentes. Simplemente significan organizar la visión del mundo desde otra perspectiva. Se repite con frecuencia que el pensamiento de Macedonio es deudor del de Schopenhauer. Ahora bien la lectura que hace Schopenhauer de Kant es una particular lectura de Kant (en la cual mezcla elementos físicos y trascendentales) que en general no es aceptada por la ortodoxia kantiana y que hace que Schopenhauer sea un nombre propio dentro del corpus filosófico europeo. Preferir la lectura que hace Dotti de Kant a la que hace Schopenhauer es aceptar sin embargo a un lector dentro de un determinado espacio-tiempo (que llamamos actualidad) por sobre la de otro. Es aceptar nuestras reglas de interpretación (y de una determinada comunidad de interpretación) por sobre otras posibles. La perspectiva de Dotti es la de un kantiano que se queja de malinterpretación y que nos lleva a la cuestión de la incomunicabilidad (o de la difícil comunicabilidad) de los paradigmas filosóficos. Ciertamente si Macedonio interpretara a Kant como Dotti no sería Macedonio Fernández, tal vez seria Dotti. Lo que este no puede hacer es restarle pertinencia filosófica a Macedonio Fernández. Dotti meramente llama a Macedonio "un escritor altamente significativo".
Tomamos la crítica de Dotti, que en realidad es meramente puntual (opinión de Macedonio sobre Kant)[7] pero que lo lleva a hablar de la índole "poética" de nuestro autor, más que nada como expresión de una difundida opinión en los ambientes de la filosofía profesional. "Si Macedonio hubiera leído a... (Husserl, Heidegger, o quien queramos), si hubiera estudiado seriamente la historia de la filosofía, no diría lo que dice". Posiblemente. Ningún lector en profundidad de Hegel aceptará sin más las críticas de Marx sobre la ausencia de lo concreto en Hegel; cuando los tomistas le achacaban a Heidegger desconocer que Santo Tomás había tratado del ser, este continuaba obcecadamente ignorándolo. Un autor construye su mundo con algunas antifiguras que son funcionales a su crítica y que, aún cuando posiblemente tengan otras perspectivas y riquezas que su crítica no considera, le sirven como cabezas de turco para afirmar su perspectiva. Podemos por cierto pensar que Marx y Heidegger estaban equivocados, que la suya era una filosofía errónea, pero ello no le quita la cualidad de filosófico a tales pensamientos.
Ciertamente Macedonio fue filósofo en una época en que la profesión y la institucionalización de la filosofía eran prácticas corrientes, pero lo fue en un territorio (la Argentina) donde estos elementos comenzaban a dar sus primeros pasos. Como la historia de la filosofía muestra, estas credenciales no son siempre suficientes para dar una estatura filosófica. Algunos pensamientos se construyen contra ellas o al margen de ellas. ¿Qué sería de la filosofía europea sin un Spinoza, sin un Marx, sin un Nietzsche? No significa ello que todo pensamiento antiinstitucional o marginal sea de por sí fecundo ni que todo pensamiento acrecido dentro de las instituciones sea por sí estéril.
De todas maneras a nosotros nos corresponde desde el lugar en el que estemos situados aportar las pruebas del caso.
Se alega, contra Macedonio filósofo, cierta "caoticidad", falta de rigor lógico y de argumentación en sus afirmaciones (cosa en la que disiento); pero llevando el argumento al extremo y, ya que hemos convocado antes el nombre de Wttgenstein ¿qué lector del Tractatus puede mostrar los argumentos de sus lapidarias declaraciones?
Ciertamente la escritura de Macedonio Fernández se mueve en terrenos que usualmente van más allá de lo "filosófico". Esta complejidad de facetas que presenta la obra macedoniana permite la pregunta sobre la relación entre sus escritos metafísicos y el resto de su obra. ¿su literatura busca llevar al lector al almismo ayoico, es meramente expresión de su visión metafísica, o es la poesía la salida natural de su filosofía? ¿Se oponen en la obra macedoniana sus opiniones metafísicas (donde afirma la continuidad del Ser y que "la Nada nada es") con sus expresiones humorísticas en las que el tema de la ausencia adquiere dimensiones relevantes? Estas y otras preguntas muestran la complejidad de una obra que nos lleva de la filosofía como modo de expresión a la filosofía como modo de vida en Macedonio.
Quisiera terminar este artículo por donde lo comencé. Macedonio Fernández, un autor de "escasos valores literarios". Macedonio Fernández, un autor de "escasos valores filosóficos". Y sin embargo... ¡hay que hablar de Macedonio Fernández! Y quien lo conoce, no puede dejar de admirarlo. Entonces, Macedonio nos hace pensar. Nos detiene y nos hace trastabillar en nuestras obviedades y clasificaciones. No es mérito menor para un autor que quiso que nos percatáramos de la extrañeza del mundo y de la presencia del Misterio en nuestra vida, aunque, ¿nueva paradoja? pretendió con su reflexión metafísica disolver el asombro. Tal vez... o tal vez simplemente quiso incorporar el asombro a lo cotidiano de nuestro vivir.
[1] Esta figura especular, donde se trastocan los planos, hace recordar algunas pinturas de Magritte donde se juega con la pareja interior-exterior. Ciertamente el pensamiento de Macedonio es solidario con muchas expresiones del siglo XX.
[2] Ediciones Corregidor, Bs.As.
[3] Hay ciertamente estudios generales, incluso con una perspectiva filosófica, sobre la obra de Macedonio. El lector puede dirigirse p.ej. a las bibliografías de los libros siguientes: Macedonio Fernández, Museo de la Novela de la Eterna, ed. crítica, coord. Ana Camblong y A. De Obieta, Madrid, Archivos, 1993 y Horacio González, El filósofo cesante. Gracia y desdicha en Macedonio Fernández, Bs.As., Atuel, 1995. Al escribir este artículo constato que en el 2003 se editaron tres nuevos libros sobre Macedonio (D. Vecchio, N.Salvador y A.Camblong). Lamento no poder incorporar aquí mis acuerdos y disensos.
[4] He aquí algunos nombres que Macedonio dio a su filosofía: a) fenomenismo inubicado: el aparecer es, pero sin "lugar" temporal, espacial, sustancial o conciencial; b) ostensibilismo inexistencialista: se indica el fenómeno pero de él puede decirse tanto que es como que no es, ya que nada agrega a su aparición ("el verde no es; verde y nada más.") También la llamó empiricismo radical y metafísica descripcionista.
[5] Las ideas filosóficas en Argentina, t.II, cap.6, Bs.As., 1993
[6] La letra gótica. Recepción de Kant en Argentina, desde el romanticismo hasta el treinta, Bs.As,1991
[7] El único punto en el que Dotti tenga tal vez razón es cuando Macedonio realiza una crítica interna al texto de Kant (III paralogismo de la Razón Pura). Pero Dotti desestima todas las críticas de Macedonio a Kant, que en general son externas (es decir miran a Kant desde otra perspectiva). De todas maneras la crítica del III paralogismo tiene para la obra de Macedonio una importancia de la que no podemos dar cuenta aquí.
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